En agricultura, optimizan el riego al controlar algas y patógenos en balsas, reduciendo hasta un 25% el consumo hídrico. En acuicultura, mantienen niveles estables de oxígeno disuelto y previenen enfermedades en peces. Para uso industrial, desinfectan aguas residuales y eliminan olores mediante oxidación avanzada.
Esta tecnología, validada por universidades como UCLA y la Universidad de Chile, representa un salto hacia la gestión hídrica sostenible, combinando alta eficacia con mínimo impacto ambiental