En la ósmosis inversa se aplica presión sobre el lado con más sales o impurezas, forzando al agua a moverse en sentido contrario: de la zona más concentrada a la menos concentrada.
De esta forma, se obtiene agua limpia en un lado y contaminantes retenidos en el otro.
La membrana semipermeable: el corazón del sistema
Posee poros diminutos (0,0001 micras), que permiten el paso de moléculas de agua, pero bloquean sales, metales pesados, bacterias y virus.
Su eficacia depende del diferencial de presión: la presión aplicada debe superar la presión osmótica natural del agua.
Cuanto más salada o contaminada esté el agua, mayor presión se requiere.